El verano cambia los ritmos, se pasa más tiempo en casa y, en muchas familias, eso significa que las personas con Alzheimer pueden quedarse más inactivas. Pero el verano también puede ser una oportunidad para reforzar las actividades funcionales del día a día, esas que ayudan a mantener su autonomía, autoestima y bienestar.

¿Qué son las actividades funcionales?

Son aquellas acciones básicas y cotidianas que permiten a la persona desenvolverse en su entorno: vestirse, comer, participar en tareas del hogar sencillas, cuidar la higiene personal o realizar actividades domésticas adaptadas.

No se trata de hacerlas “perfectas”, sino de implicar a la persona en lo que aún puede hacer para que se mantenga activa, conectada y sienta que está colaborando en las tareas de la casa como un miembro más de la familia.

¿Por qué corremos el riesgo de que se pierdan en verano estas actividades?

– Se rompe la rutina habitual.
– Hace más calor, y tendemos a estar más pasivos.
– Muchas veces, los cuidadores lo hacen todo “por comodidad”.
– Se pasa más tiempo en casa y se asume que “mejor que descanse”.

Pero la inactividad acelera el deterioro. El objetivo no es exigir, sino estimular con suavidad.

¿Cómo mantenerlas? Ideas prácticas para el día a día:

1. Involúcrale en tareas de cocina sencillas
– Lavar frutas, pelar guisantes, poner la mesa, doblar servilletas…
– Son actividades seguras que estimulan la motricidad, el orden y la memoria.

2. Reforzar hábitos de higiene y vestido
– Ayudar a elegir la ropa, abotonarse una camisa, ponerse crema hidratante.
– En lugar de hacerlo todo por la persona, hacerlo con ella.

3. Actividades domésticas adaptadas
– Regar plantas, limpiar con un plumero, ordenar cajones por colores o tipos.
– Pueden ser tareas reales o simbólicas, pero siempre con sentido.

4. Hacer ejercicios de movilidad funcional
– Sentarse y levantarse de una silla, mover brazos con música, estiramientos suaves.
– Mejor si se hacen a la misma hora cada día (por ejemplo, antes de comer).

5. Estimular la orientación temporal
– Usar un calendario visible y repasar juntos la fecha, estaciones, actividades del día.
– Cambiar la decoración con detalles veraniegos (flores, abanicos, colores frescos) puede ayudar.

Tabla de actividades funcionales por nivel de deterioro

Nivel de deterioroActividades recomendadasObjetivo
LevePoner la mesa, lavar frutas, leer el periódico juntosMantener autonomía y autoestima
ModeradoDoblar ropa, regar plantas, escuchar música y moverse al ritmoEstimular la motricidad y la memoria emocional
AvanzadoTocar objetos con diferentes texturas, escuchar canciones conocidas, mirar fotosGenerar bienestar sensorial y conexión emocional

Claves para que funcione

– No corregir, sino acompañar.
– Valorar el esfuerzo, no el resultado.
– Crear rutinas pequeñas pero constantes.
– Hacerlo en un ambiente relajado y alegre.

En resumen…

El verano no tiene por qué ser una etapa de inactividad. Al contrario: es un buen momento para reforzar habilidades funcionales a través de la vida cotidiana, con actividades significativas, adaptadas y realizadas en compañía. Cuidar no es solo proteger: también es dar oportunidades para seguir haciendo, sintiendo y participando.

“Mantener lo que aún se tiene es tan valioso como recuperar lo perdido».

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